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Schorr Krapp, visionario de Essen

La efervescencia patriótica de 1870 convulsionando a Francia y Alemania, pero de puntos de vista muy diversos, acunaron el nacimiento de Carlos Schorr Krapp, y si debemos seguir a los que sostienen que el hombre es un producto del medio cósmico, el futuro industrial talquino respondió en toda su amplitud a dicho principio.

Es en la ciudad de Essen en donde nace el señor Schorr, en el mismo año ’70, cuando las miles de sirenas de la zona más industrial del mundo, lanzaban sus alaridos al espacio, anunciando los triunfos sobre los franceses, a la usanza de los selváticos nibelungos en sus batallas inmortales. 

Don Carlos Schorr deja sus labores en las bellas lozas de Lota y se viene a Talca en 1902. Nuestra ciudad se presentó ante sus ojos con su edificación colonial y  triste, sus calles empedradas y sus  bulliciosos carros urbanos. Psicólogo por naturaleza, observó a los cocheros que lo asediaban ofreciéndole sus servicios; escogió el más serio y que más tarde supo que su apellido era Guerra, con quien mantuvo una gran cordialidad a través de su vida. éste  le dijo:

-«Nconozco a  nadie en esta ciudad, pero lléveme a la casa del caballero que usted estime  que  es  el  más  serio distinguido de Talca«.

Guerra quedó un instante perplejo, pero luego, con la vivacidad que le caracterizaba, le contestó:

«¡Al momento señor! ¡Suba no más!…«.

Y partió velozmente por la calle l Sur hasta desembocar en la 1 Poniente y ahí subió hacia la Alameda, para dejarlo en la casa del señor Eliseo Concha Solar, que en aquellos años vivía a cuadra y media hacia el norte desde la Plaza de Armas.

¿Qué se dijo en esta primera entrevista entre el desconocido alemán y el «caballero más serio y distinguido de Talca»? ¿Acaso ese gesto del señor Schorr no es el mismo de aquellos pioneros alemanes del sur, que sin conocer nuestra tierra llegaban  hasta  lolindes de un bosque  secular y de inmediato se familiarizaban con él, y ese bosque que tenía el silencio de los siglos, de la noche a la mañana se transformaba en un concierto de hachazos y derrumbes de árboles en una sinfonía estruendosa al trabajo y a la constancia?

Aquel Talca de atildamiento colonial chocaba con un hombre que tenía en sus oídos los cantos de triunfos y el zumbar de las usinas de Krupp. Un boceto magistral del señor Schorr hizo Mario Brack cuando dijo que don Carlos sabía armonizar la sica y el arte en la melopea de los motores de su fábrica.

Porque de aquella conversación sostenida con el talquino de la calle 1 Poniente, el visionario alemán no se movería de nuestra ciudad y allá en la parte alta de la barranca del o Claro, levantaría la brica de papel y de cartón que invadió nuestro país con sus productos bajo la sigla de «Schorr y Concha», industria ésta que tiene el valor de ser el producto del esfuerzo de hombres de esta tierra, levantando piedra tras piedra en el edificio de su progreso.

Representa la constancia romántica del siglo del trabajo cuando el hombre se lanzaba por los caminos de la industria, sin más armas que su propia inteligencia y su fe en el triunfo, sin tener la modalidad actual, que permite levantar de improviso las fortunas a base de los truts y de los monopolios.

El 16 de agosto de 1907 es una fecha memorable del calendario industrial de nuestra ciudad. Son $100.000 los que se ponen en juego para que después de 50 años se pueda encontrar un capital cercano a los 200 millones de pesos.

La visión del ciudadano de Essen no queda ahí en su fábrica, ni allá en las bellezas de las playas de Lota. Con ojo dehombre siempre estudioso y de empresa, comprendió el grave problema que significa para nuestro país el hecho que los agricultores sureños se lanzaran a la explotación desenfrenada, sin preocuparse para nada de la mantención del terreno.

El señor Schorr comprendió que la erosión del suelo chileno sería peor que la peste negra, e inició por aquellos años la plantación de pinos en una heredad cercana a Bulnes. Manera inteligente y a la vez comercial de detener el lavado de nuestras tierras, y sus esfuerzos se vieron coronados por un nuevo triunfo. Cuando las sociedades forestadoras de terrenos estériles lanzaban sus propagandas para formar las sociedades plantadoras de árboles, el señor Schorr ya estaba cortando pinos para entregarlos a las industrias madereras.

Hacer un análisis de sus actividades comerciales e industriales no es el fondo de esta cnica, pero  debemos  recordar  que aquellas cajas de sforos que llevaban dos banderas cruzadas, significaban nada menos que presentar en forma gráfica los sentimientos del señor Schorr, o sea, el recuerdo de su patria ausente y la gratitud para Chile. Esas dos banderas, la chilena y la alemana, son el abrazo sincero de aquellos primeros alemanes que supieron comprender nuestro Chile, le amaron como algo de ellos, y murieron sin nostalgia por la patria lejana.

Hizo de su hogar el punto de reunión de los hombres de empresa de la ciudad, y sus salones se llenaban con el entusiasmo de hombres que si bien hablaban el dialecto universal del corazón, en cambio sus himnos patrios los cantaban en diversas lenguas; Oscar y Fernando Smits; Manuel Hederra Concha; Jorge J . Jenkins;·Federico Weston; Leopoldo Figari F.; Otto Schleyer, Marcelo Estansan; Eugenio y Pablo Azócar; Luis y Roberto Williams; Dr. Miguel Fernández; Manuel A. Molina; Emilio Williams Prieto; Guillermo Holman; Guillermo Kuschel; Froilán Silva Cienfuegos; Diego y Ruperto Echeverría y muchos s, hacían de sus cantos un concierto de grupos, pero todos se electrizaban cuando en honor del. anfitrión, rompían esa marcha inmortal: «Yo tenía un compañero, otro igual no encontrarás. Si a fuego el clarín tocaba, siempre a mi lado marchaba al mismo paso y compás».

Se ha dicho que en la tradición está la silenciosa sabiduría del tiempo. Ella significa como ese afán que tienen los orientales para admirar sus tesoros sin entrar a estudiar el quilate del oro o el valor de sus pedreas. 

Don Carlos Schorr formó una tradición, más que eso mismo, alimenuna política de una amplia y abierta ciudadanía. Su obra de carácter social, cultural e industrial, se aprecia mejor a través de los cincuenta años, distancia de aquel l6 de agosto de 1907.

Los ediles que auspiciaron el nombre de don Carlos Schorr para una calle de la ciudad, tenían en sus corazones la sabiduría del respeto hacia el pasado, que forma la tradición de la ciudad en el presente y la admiración en el futuro. Mañana, cuando el viajero lea su nombre en los señalizadores del tránsito sabque Carlos Schorr Krapp, fue un hombre visionario lo que le permitió levantarse por sobre la multitud de los espíritus, en una selección natural de su alma generosa, de la filantropía de sus sentimientos y del arte que, por regla general, es un complemento de los hombres selectos.

«La Mañana»

18 de agosto, 1957

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