En el marco de la conmemoración, autoridades advierten que la desinformación sigue siendo una barrera clave para la inclusión de personas con TEA en la región.

¿Por qué el Servicio de Salud Maule levanta esta alerta?
Porque aún persisten creencias erróneas sobre el Trastorno del Espectro Autista (TEA), como que las personas no sienten emociones o que el autismo es una enfermedad. Estas ideas no solo son falsas, sino que generan exclusión y dificultan el acceso a derechos básicos como salud, educación y participación social
¿Qué mitos siguen instalados en la comunidad?
Uno de los más repetidos es que las personas con TEA no sienten emociones o no quieren relacionarse. También circula la idea de que las vacunas causan autismo o que existe una “cura”.
La evidencia es clara: sí sienten emociones, desean vincularse —aunque de formas distintas—, las vacunas no causan autismo, y el TEA es una condición del neurodesarrollo, no una enfermedad
¿Qué explican desde el equipo de salud?
La enfermera del programa TEA del Servicio de Salud Maule, Estefanía Vásquez González, lo dice sin rodeos: muchas personas con autismo quieren generar vínculos, pero su forma de comunicarse puede ser diferente.
Además, desmiente categóricamente el vínculo con vacunas, explicando que esa teoría proviene de un estudio desacreditado por manipulación de datos.
¿Cuál es la realidad del TEA en el Maule?
Hoy existen 1.335 usuarios entre 0 y 19 años en programas de rehabilitación en la red de salud regional, lo que evidencia tanto la demanda como la necesidad de fortalecer el sistema.
Un avance importante es que cinco comunas ya cuentan con médicos capacitados para diagnóstico en atención primaria, lo que ha permitido disminuir listas de espera
¿Dónde están las principales brechas?
El problema no es menor: muchas familias enfrentan largos tiempos de espera y una alta carga, ya que terminan asumiendo gran parte del apoyo terapéutico.
A esto se suma una deuda en inclusión educativa, donde aún falta avanzar para garantizar espacios realmente adaptados.
¿Por qué no basta con el diagnóstico?
Porque el TEA requiere un acompañamiento continuo. No se trata solo de detectar, sino de sostener procesos con equipos interdisciplinarios y apoyo real a las familias durante todo el ciclo de vida.
En esa línea, se impulsa la implementación de la Ley 21.545, que promueve la inclusión, la atención integral y la protección de derechos.
¿Cuál es el llamado final a la comunidad?
A cambiar la mirada. A entender que la inclusión no es solo aceptar, sino adaptar entornos, escuchar y respetar las distintas formas de ser y comunicarse.
Porque —y aquí está el punto clave— una sociedad más justa no es la que uniforma, sino la que abraza la diversidad.








